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Cuando la responsabilidad no contenta a la costumbre

ActĂșa ahora o nada despuĂ©s

ActĂșa ahora o nada despuĂ©s

Cuando nuestra zona de confort, habitualmente inalterable, no sopesa los contratiempos derivados de las acciones cotidianas, establecemos una barrera mental en la que la responsabilidad no contenta a la costumbre.

Movilidad sostenible

¿Por qué no puedo acceder con mi coche particular de combustión al centro de la ciudad? Pues muy sencillo:

VehĂ­culos de combustiĂłn contaminantes

AsĂ­ que, antes de criticar las Zonas de Bajas Emisiones, que poco a poco, estĂĄn siendo integradas en numerosas ciudades, vamos a tomarnos unos pocos segundos de reflexiĂłn y pensar en las positivas consecuencias a corto, medio y largo plazo, que estas actuaciones suponen.

Son numerosas las aportaciones que tanto a nivel macroecolĂłgico (PaĂ­ses, Ayuntamientos, etc.) como microecolĂłgicos (acciones que tĂș y yo podemos hacer). Pero, respecto a las urbes, en el fondo da igual que les llamemos “zona de restricciĂłn medioambiental” (Umweltzonen en BerlĂ­n), “ zona de emisiones bajas / ultra bajas” ( Low Emission Zone en Londres) o Zona de TrĂĄfico Limitado (como se le llama en Roma); lo importante es que si partimos de una premisa mĂ­nima (como por ejemplo “Madrid Central”) no volvamos a retroceder y cometer el error de reducir restricciones (ÂżMadrid 360?).

A pesar de que el ser humano es el Ășnico ser vivo que arrasa con su propio entorno vital bĂĄsico, debemos enfrentarnos a nosotros mismos y transformar nuestras cĂłmodas posiciones negacionistas. Y da igual que nos lo diga una responsable adolescente o nuestro cuñado concienciado. Da lo mismo lo que consideramos falso o verdadero a nivel climĂĄtico o ecolĂłgico. Lo importante es actuar para lo que objetivamente es bueno para el entorno y  que el criterio dominante no sea sĂłlo el inmediato beneficio econĂłmico.

Zona de Bajas Emisiones. Londres

Y por favor, no pongamos la escusa de un problema para justificar otro. Las calefacciones, el abuso del transporte aĂ©reo, la contaminaciĂłn de los grandes buques, el exceso de plĂĄsticos, etc, son tambiĂ©n ingredientes del mismo pastel podrido. Todos sabemos que antes de mirar a otro lado, o justificarnos con la muletilla de “mĂĄs nos valdrĂ­a que nos preocupĂĄsemos por
”, serĂ­a mejor aportar nuestro granito de arena, para hacer de esta existencia vital fugaz, un impacto lo mĂĄs neutro posible.

Pequeños gestos consiguen grandes retos.

 

 

 

 

 

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