El miedo en los seres humanos es una herramienta de supervivencia, que a la vez nos limita. Creer que si algo va mal vamos a fracasar, nos lleva a no hacer lo que deseamos o sentimos que queremos hacer. ¿Y si sale mal? ¿Qué haré después? ¿Dónde iré? ¿Qué será de mí?
En realidad, tanto los fracasos como los éxitos, están basados en oportunidades y decisiones que tomamos en el día a día. Unos y otros, son los que nos ayudan a descubrirnos y conocernos a nosotros mismos. Es la manera que tenemos de saber hasta dónde podemos llegar. Los límites los marca uno mismo.
Failure vs. Success
Para mí, ese miedo viene condicionado y abanderado por un sistema. El “estado del bienestar” que piensa por nosotros y decide por nosotros. Lo cuál está muy bien para dar seguridad. El conflicto surge cuando esa seguridad es la que impide conocernos a nosotros mismos.
Para afianzar el sistema y dar sentido a esa sensación de “seguridad” que ofrece, tenemos: “paro“, “seguridad social“, “pensiones“, “seguros“, “a los padres” o incluso a “Papá Estado“. Desde pequeños ya somos educados para ser parte del sistema y necesitar esa “seguridad“.
Recordemos cómo funciona el sistema educativo. Para empezar, la educación en la escuela conlleva horarios casi similares a los de un trabajo. Además, el material didáctico está orientado a estudiar, sin pensar por nosotros mismos. La intención es irnos “adoctrinando”. El objetivo, ser la perfecta mano de obra para el sistema. Aquella que trabaja sin cuestionarse nada.
En el colegio nos enseñan cómo hemos de pensar. En lugar de permitirnos pensar libremente e incentivar la creatividad. Digamos que tu profesor de matemáticas te enseñaba a multiplicar matrices. Y aprendías a multiplicarlas, cual “Perro de Pavlov“. Algunos recitábamos las tablas de multiplicar de memoria, sin saber, ni entender, lo que decíamos.
Quiero añadir aquí una metáfora, que explica a la perfección a lo que me refiero. Un niño de 6 años entra a la escuela. Su profesor indica : “quiero que dibujéis una flor”. El niño pinta una hermosa margarita. El profesor al verlo, le reprende: “quiero que pintéis una flor, pero debe ser una rosa”. El niño borra su dibujo y pinta una hermosa rosa blanca. El profesor al verlo, le dice: “quiero una rosa de color rojo”. El niño vuelve a deshacer su pintura para dibujar finalmente una rosa roja.
Después de muchos años siguiendo este patrón de sistema educativo, a este mismo niño, cuando de mayor le digan que pinte una flor, lo primero que le vendrá a la mente es la imagen de la rosa roja. Perfecto. Su mente ya ha sido adiestrada para actuar sin cuestionarse nada. Sin dejar espacio para la imaginación, creatividad e inspiración de cada individuo. Porque todos los seres humanos, absolutamente todos, tenemos algún tipo de don. Otra cosa es que lo conozcamos tras años dormidos. ¿Cuántas personas conoces que se sientan realmente realizadas con su trabajo? ¿Cuántas personas conoces que sepan realmente lo que quieren en la vida? Los estudiantes terminan secundaria y bachiller sin saber qué quieren ser de mayores. No les han enseñado, ni dado opción a conocerse, ni saber qué les gusta.
Aquí os dejo un breve vídeo sobre esta historia, que muchos hemos vivido y aún vivimos.
Recuerdo que de camino a mi Universidad había unas pintadas que decían algo así “¡Nos educan para ser mentes dormidas! ¡Despierta!” Yo en aquel momento no lo entendía. Ahora, según pasan los años más significado saco a dichas palabras.
Un esclavo perfecto es aquel que no sabe que lo es. Los esclavos aseguran el funcionamiento del negocio del sistema. Un negocio que se camufla en forma de necesidades. Indicando lo que necesitamos y lo que no necesitamos. Especificando además, en qué momento lo necesitamos. El sistema dictamina que “no necesitamos vehículos eléctricos“, “los vehículos eléctricos son caros y por tanto, no son rentables“, “no son viables“, “no hay infraestructura de puntos de carga“, “no permiten viajar“, “contaminan más que un coche de combustión“, “las baterías contaminan mucho“, “existe un peligroso mercado detrás de la extracción de minerales necesarios para las baterías“, “las baterías son peligrosas y explotan” y podríamos añadir más.
Muchos de estos mensajes vienen ocultos entre la cultura, la educación, la publicidad… En otros ámbitos podríamos encontrar: “la llamada a ser madre que sienten las mujeres alrededor de los 30 años“, “hay que ir de vacaciones a la playa, porque si no, no son vacaciones“, “en vacaciones no hay que hacer nada“, “hay que esforzarse para tener éxito“, “debes trabajar duro para conseguir dinero“, “si no tienes dinero no eres nadie“, “sin estudios no vas a ninguna parte“, “si no tienes una carrera universitaria no eres nadie“…
Pensamos que tras muchos años persiguiendo esas falsas necesidades, conseguiremos la felicidad. ¿Entonces cuando sea mayor seré feliz? Pues parece que tampoco. La muerte se interpone en el camino y fallecemos antes de ser felices. Entonces te das cuenta de que has estado trabajando, que no viviendo. Por último, tras fallecer, nuestra propia muerte sirve de negocio para el mismo sistema.
Esto nos lleva a pensar ¿dónde quedan las capacidades innatas del adulto si las hemos cohibido desde pequeños? Lo cual no es que esté bien o mal. Simplemente es y hemos de ser conscientes. Despertar, es el comienzo del cambio. Nos abre al nuevo paradigma. La felicidad está en el camino, no en el destino.
Para terminar, os dejo con un corto de Alike que lleva más de siete millones de visitas. Seguro os hace reflexionar.
