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¿Por qué no voy a volver a coger un taxi nunca más?

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Madrid taxis

Esto es un caso real. Me pasó hace un mes y medio, y si antes ya tenía claro que tarde o temprano, si no se adapta a la realidad actual el taxi tal como lo conocemos hoy va a desaparecer, ahora soy además, defensor de que desaparezca.

Me dispuse a coger un taxi desde mi trabajo cercano a la avenida Badajoz, en Madrid, para dirigirme al Parque Tecnológico de Leganés. Lo cogí en la calle, levantando el brazo para indicarle que quería hacer uso de su servicio. Nada más montarme e indicarle mi destino, el taxista me comentó que no conocía la ruta porque era nuevo y que la periferia de Madrid todavía no la controlaba, por lo que yo, que sí que conocía el camino, me dispuse a indicarle. Fue el primer momento en el que sospeché, ya que me sorprendió bastante que hoy en día y visto que casi la totalidad de los taxistas lleva un dispositivo GPS, o el propio móvil como navegador, por qué, siendo nuevo, no llevaba nada.

Tras unos pocos metros, habiendo recorrido apenas 750 m, hizo un comentario diciendo que tal vez prefería montarme con otro compañero que conociese el camino, a lo que le indiqué que no había problema, pues yo sí que sabía darle las indicaciones oportunas para llegar al destino y que todo el mundo debe ir aprendiendo cuando es nuevo.

Tras incorporarnos a la M-30, le pregunté qué tal llevaba lo de los atascos siendo nuevo, y me dijo que tras la jornada laboral a la tarde se hacía un poco cuesta arriba, pero que no lo llevaba mal y mientras me respondía empezó a llevarse una mano a la cabeza y hacer gestos de sentirse indispuesto, mareado, para después decirme que “esto lo llevaba peor”. A lo que le pregunté si se encontraba bien. Me respondió que a veces le daban unos pequeños mareos y dolores de cabeza, y volvió a llevarse la mano a la cabeza en un par de ocasiones. Además, empezó a dirigir el coche hacia el carril derecho, a lo que le dije que podía ir por la izquierda como si fuese hacia Toledo.

En ese momento, me preguntó si no me importaba que me dejase en Méndez Álvaro, a lo que le respondí que, hombre, que yo había solicitado un servicio para ir a Leganés y que por tanto sí que me importaba, ya que si no iba a llegar tarde a una cita con un proveedor. Respondió que me dejaba en Méndez Álvaro, aludiendo a su malestar y defendiendo que era por seguridad para nosotros mismos y para el resto de los vehículos en circulación, a lo que yo, obviamente no pude rebatir nada. Además quiso parecer amable diciendo que en la estación había una parada de taxis y que allí podría coger otro que me llevase a mi destino.

Ante la imposibilidad de hacer algo por evitarlo, decidí que no le iba a pagar. Por eso, cuando paró, le dije que creía que no debía pagarle puesto que no había cumplido con el trayecto por el que había solicitado su servicio y que si tenía algún tipo de problema o se sentía indispuesto creía que lo que debía hacer era no salir a trabajar. Él me respondió que por no cumplir la ruta no iba a cobrarme la bajada de bandera, pero que me había acercado ostensiblemente a mi destino y que le debía pagar la parte correspondiente. Visto que ya llegaba tarde, y que no estaba por la labor de discutir, pagué de mala manera 10€ y pedí el ticket para ver si podía interponer una queja más tarde.

Tras bajarme y montarme en otro taxi, llamé al proveedor para avisarle de que llegaba tarde porque había tenido que cambiar de taxi. Al colgar, el conductor del segundo taxi me preguntó amablemente qué me había pasado, y tras contarle el suceso, me comentó cabreado que eso dejaba en mal lugar a todos los taxistas y compartió conmigo la opinión de que probablemente el compañero sabía que al volver de Leganés a esa hora se iba a encontrar un atasco considerable que no le interesaba.

Ahora que sabéis qué ocurrió, os cuento que interpuse una queja por la tarde, con el número de licencia y la descripción de lo ocurrido. La única solución que me ofrecieron fue la posibilidad de acudir a la vía del arbitraje para solicitar la devolución de la cantidad indebidamente cobrada, rellenando un documento y presentándolo en persona o por correo ordinario en el registro de la oficina de la Junta Arbitral junto a mis datos personales, los hechos, la cuantía reclamada y las pruebas que fuese a presentar en la vía oral, así como la persona o entidad contra la que reclamaba (número de licencia o matrícula).

Es decir, iba a tener que acudir a una citación para una vista oral para que si no llegaba a un acuerdo, dicha Junta decidiera a través del correspondiente Laudo Arbitral de obligado cumplimiento (similar a una sentencia) la resolución.

Mis conclusiones fueron claras. Ante un trato injusto y un servicio deficiente, no hay herramientas para poder recibir una compensación sin que supongan un esfuerzo y una inversión, sin saber siquiera si además va a salir favorable.

No volveré a coger un taxi nunca más. En todo caso haré uso de los que tengan implantando el servicio MyTaxi, para poder funcionar de una forma similar a Uber o Cabify mediante una app en la que el conductor que acepte el servicio sepa desde qué punto tiene que llevarme y hasta dónde. Y en cuanto llegue a España el Uber Pool, que es un uso compartido de Uber, es decir, que parará a recoger y dejar gente a lo largo de su trayecto para compartir el gasto, dejando el precio de unos 7-10 km en unos 3-4 €, entonces, los taxistas habrán perdido la batalla.

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