Tomemos consciencia de nosotros mismos y nuestro entorno. En estos tiempos la decisión de cambiar de un vehículo de combustión a uno eléctrico no parece sencilla, pero ¿realmente ésto es así? Nada más lejos de la realidad. La falta de información o incluso la desinformación interesada que se vierte desde ciertos medios impide que la gente vea clara esta decisión. ¿Cuál es el fin de esta desinformación? Para mí, desde un punto de vista global, seguir manteniendo las mentes dormidas en un sistema que incentiva el consumismo.
Un vehículo eléctrico tiene muchas ventajas y la más evidente es el respeto por el medio ambiente, pero la que mayor impacto tiene para el sistema económico es que no hay mayores costes que la inversión que supone su desembolso inicial. El resto son tan mínimos que no son comparables a ningún vehículo de combustión. Siguiendo esta argumentación se ven claramente cuáles son los impedimentos para la transición al VE.
Dentro de los fabricantes hay un claro ejemplo que muestra un despertar de consciencia. Este no es otro que Tesla. La empresa liderada por Elon Musk deja claro que existe otra forma de hacer las cosas. Destaca su reciente presentación del Tesla Roadster con una batería de 200 kwh capaz de recorrer 1.000 km, y una aceleración digna de un Fórmula 1, aceleración de 0 a 100 km/h en 1,9 segundos y una velocidad máxima superior a 400 km/h.
Tesla deja claro que, si se quiere, se puede. Sólo queda que el resto de fabricantes tradicionales dejen de mostrar promesas y prototipos y presenten realidades, y a ser posible que sean alcanzables para el ciudadano de a pie. Porque, al final y como seguidor de cierto grupo cómico manchego “Los chinos nos comen, nos comen los chinos” (haciendo alusión a la clara inversión que desde este país se hace a favor del VE).
